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De la 'supernube' de Amazon a los centros de datos de proximidad

7 Junio 2017 en EL MUNDO

Cuando uno piensa en los grandes proveedores de servicios en la nube, inmediatamente rescata de su imaginario la fotografía de un gran centro de datos, con miles y miles de servidores en una localización remota. No en vano, Google, Amazon Web Services, Facebook o Microsoft buscan cada vez lugares más extravagantes (el océano, el Ártico o los acantilados de Irlanda) para reducir el ingente consumo energético de sus instalaciones. Todo ello con una premisa de fondo muy clara: la consolidación de equipos en muy pocos centros maximiza los beneficios de la economía de escala y dota de una mayor flexibilidad y escalabilidad a los servicios que ofrecen.

Quizás por ello, Amazon -del que a su vez dependen otras compañías como Dropbox- apenas cuenta con siete centros de datos en todo el Viejo Continente (3 en Irlanda, 2 en Alemania y otros 2 en Reino Unido), con la previsión de inaugurar tres más en Francia a lo largo de este año y otros tres en un futuro cercano en Suecia. Centros de datos que se pueden contar con los dedos de una mano pero que enfrentan, no obstante, un potencial inconveniente par las empresas: la latencia.

Y es que, al depender de infraestructuras que están radicadas a kilómetros de distancia, los retardos que se producen al transmitir paquetes de datos pueden ser muy perjudiciales cuando se trabaja con aplicaciones de negocio críticas o análisis en tiempo real. Ya ni hablemos del auge del Internet de las Cosas o la gestión de dispositivos de los que dependan desde la producción industrial hasta la propia vida de las personas. «Normalmente es imperceptible y a la mayoría de usuarios le es igual, pero hay muchas ocasiones en las que un milisegundo de latencia hace la diferencia frente a 50 milisegundos; no es lo mismo tener el data center aquí que fuera del país», explica Alberto Álvarez, director técnico de Sarenet. «Creemos que el tamaño ya no importa en los CPD, lo que importa es la cercanía al cliente y adecuar el tamaño y la potencia para ser lo más eficientes posible»

Esta compañía, de origen vasco, está haciendo bandera de este concepto del centro de datos de proximidad; una premisa que no se puede entender sin contemplar la propia historia del grupo.Creada en 1995, Sarenet nació con la intención de ser uno de los principales proveedores de Internet y telefonía en nuestro país, con una clara orientación hacia el mercado profesional. Poco a poco, esta primera actividad se fue diversificando hasta llegar a nuestros días, en que un 53% de sus ingresos siguen proviniendo de la red (servicios de fibra óptica y respaldo por 4G móvil) pero con un nada desdeñable 16% que se origina en sus servicios cloud y otro 8% que cae desde el lado de su propuesta de vozIP y centralita digital. En total, 19,7 millones de euros de facturación y 86 empleados.

En el caso particular de la nube, la firma vasca se introdujo en este segmento de negocio en el año 2013, cuando lazó su primera generación de servicios cloud, muy ligada al alojamiento web y soluciones de correo electrónico. Sin embargo, ahora sus miras están puestas precisamente en aprovechar la cercanía de sus centros de datos a las principales compañías del país para atraer la externalización de aplicaciones de negocio hacia sus equipos. «Estamos transformando nuestros centros de datos hacia la nube. Actualmente tenemos seis CPD -3 en Bilbao, 2 en Madrid y 1 en Barcelona- de los cuales cuatro ya están preparados para ofrecer servicios cloud, pero tenemos la intención de que todos ellos estén adaptados en el corto plazo», añade Álvarez. «Para ello estamos apostando por centros cada vez más pequeños, con una conectividad entre ellos excelente, con seguridad débilmente acoplada y un portal de gestión para el usuario tremendamente sencillo y fácil de utilizar». Una estrategia ambiciosa que no busca competir con los grandes en tamaño, «pero sí en número», y que se beneficia notablemente del factor geográfico (Bilbao es uno de los nexos con cables submarinos de telecomunicaciones más importante de España) para disputar su particular batalla.

Eso es el presente, pero también toca mirar hacia el futuro más inmediato, en el que el Internet de las Cosas se erige como protagonista indiscutible. «No nos gustaba tener centros con tanta densidad de procesadores en poco espacio, pero el IoT y el Big Data obligan a esta clase de despliegues para poder gestionar tanta información en tiempo real», confiesa el directivo. En ese sentido, Sarenet se encuentra inmersa en el desarrollo y construcción de un nuevo centro de datos específicamente pensado para el Internet de las Cosas, con unos 100 metros cuadrados de superficie, un consumo energético de 100 Kw y un coste estimado de un millón de euros. Desde esta nueva instalación, ubicada también en Euskadi, se ofrecerá una completa plataforma de IoT dirigida a conexiones industriales y analítica de grandes volúmenes de datos empresariales, sustentados ambos en la calidad de la red privada virtual que la propia Sarenet ofrece a sus clientes. «Hablamos de Internet de las Cosas pero, en realidad, los usuarios se conectarán a nuestra VPN estanca y totalmente separada de Internet, con lo que es totalmente segura y una aproximación muy distinta a lo que vemos actualmente en el mercado», concluye Alberto Álvarez. «Además, todo estará basado en software abierto y en la integración de cualquier tecnología de terceros».

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