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El politécnico de Txorierri pone a Sarenet a pie de fábrica

15 Febrero 2019 en EL CORREO

La empresa de telecomunicaciones entra en el Internet de las cosas con un proyecto desarrollado por un alumno del centro de FP

La empresa vizcaína de telecomunicaciones Sarenet ha decidido pasar de las oficinas a las fábricas y colocarse también a pie de máquina. Un salto por el que la firma ha optado de la mano del centro de enseñanza Politeknika Ikastegia Txorierri, con el que ha desarrollado su primer proyecto de conexión para plantas automatizadas; una maqueta que, a partir de unos sencillos torno y grabadora, ejemplifican cómo juntos son capaces de digitalizar cualquier planta de producción . Es su llegada al Internet de las cosas (IOT), una tecnología considerada pilar fundamental de la Industria 4.0 al permitir que vehículos, electrodomésticos o máquinas estén conectadas a la red y sean manejados desde otros dispositivos también conectados, como un simple móvil.

«Nosotros siempre hemos estado vinculados a las comunicaciones de gestión, 'de oficina' por decirlo de alguna manera. Pero internet ahora está también en las plantas de producción, donde tiene aún más exigencias de calidad y seguridad si cabe. Así que también teníamos que ofrecer a nuestros clientes de la industria soluciones avanzadas en este área. De modo que para nosotros, que ya somos especialistas en telecomunicaciones, los entornos industrializados son ahora una oportunidad de crecimiento, y para aprovecharla acudimos al centro. El politécnico siempre ha mostrado una gran disposición a colaborar en proyectos anteriores y ya hemos incorporado a varios alumnos suyos a nuestra plantilla», señala Roberto Beitia, presidente de Sarenet.

«Las empresas han visto que los centros de Formación Profesional podemos ser verdaderos aliados en la implantación de tecnologías innovadoras para su negocio, que queremos ser promotores en el desarrollo económico y social de nuestra área de influencia y que aportamos valor añadido a las empresas que, como Sarenet, confían en un modelo colaborativo», subraya Josu Orbe, director del instituto integrado en la corporación Mondragón.

Maqueta de una fábrica

Este primer proyecto común de automatización de un espacio industrial ha consistido en realizar una maqueta de una fábrica digitalizada en la que las máquinas industriales fueran controlables con «absoluta seguridad a través de internet por el jefe de planta, tanto si se encuentra en las propias instalaciones como si está de viaje en cualquier parte», según explica Beitia. Esta supervisión remota permite saber en todo momento qué está haciendo y en qué condiciones.

«Es decir, que sabremos en tiempo real si se produce, por ejemplo, un sobrecalentamiento que conlleve un mayor consumo de energía y riesgo de avería o si, por alguna razón, las piezas que fabrica presentan defectos. Además, después se pueden recopilar esos datos para, gracias al 'big data', hacer un mantenimiento preventivo y adelantarse a cualquier incidencia que ocurra con alguna de las máquinas del sistema productivo», subraya.

Concretamente, para realizar esta maqueta «cuyo modelo es reproducible con cualquier fábrica con otra maquinaria», la firma y el centro educativo escogieron trabajar en la conectividad de un torno y una y una grabadora y asignaron su realización como proyecto de fin de grado a un alumno (hoy incorporado a la plantilla de Sarenet) del ciclo de Automatización y Robótica Industrial. El estudiante, Mikel Guerra, ha contado estos meses con la supervisión tanto de profesores de la escuela politécnica como de los expertos de Sarenet. «La verdad es que aún no hay alumnado con formación en ciberseguridad.

Es un área tan reciente que no encuentras trabajadores especializados a no ser que estén en la competencia. Siempre hay que formar a los trabajadores en el propio puesto. Lo bueno del alumnado de la Politeknika es que aprende muy deprisa y cuenta con una buena base. Así que aunque en principio su profesorado se ha ocupado más de la parte mecánica (de control numérico) y nosotros, de la electrónica (desde lo cortafuegos a los conmutadores) al final hemos aprendido todos», dice orgulloso Beitia. «Asumimos el desafío convencidos de que Mikel sería capaz de desarrollar la parte 'industrial' del proyecto. Era un reto importante debido a los estrechos márgenes de tiempo que se nos presentaban y a la responsabilidad que suponía la realización de un proyecto real», asegura Orbe.

La maqueta en la que se aprecia a golpe de vista cómo funciona una planta automatizada ya ha sido presentada en varios certámenes, jornadas y ferias, «y está teniendo mucho éxito porque muestra muy gráficamente cómo puede ser la instalación de estos modelos en cualquier fábrica y las medidas de seguridad que ofrecen, sea cual sea su actividad y sea cual sea su grado de digitalización«, explica Beitia. Además, gracias al buen trabajo de Mikel en su desarrollo, otros cuatros compañeros de estudios de Politeknika Ikastegia Txorierri están realizando su período de prácticas en Sarenet desarrollando proyectos similares.

Justo lo que no hay que hacer

Ahora sólo queda la tarea de concienciar a las empresas de la necesidad de dar el salto a la era digital y darlo con seguridad. «Cualquier empresa que prepare la conectividad de sus sistemas debe antes plantearse qué medidas de protección va a instalar. Algunas ya se han preocupado por el tema, pero otras parten de una situación muy precaria y pueden creer que basta con conectar una máquina al wifi. Como quien en casa pone un alargador para enchufar otro aparato. Y eso es justo lo que no hay que hacer si no se quiere ser vulnerable ante cualquier ataque», insiste el presidente de Sarenet.

«La seguridad tiene que ser un elemento de partida y por donde hay que empezar es por evitar que todos los aparatos puedan 'hablar' con todos porque compartan red. Hay que estructurar la empresa por niveles, de modo que sólo unos determinados aparatos pueden conectarse con otros determinados aparatos y evitar que si hay una entrada no autorizada al sistema el intruso llegue a toda la empresa», subraya.

«En realidad no hay automatización sin seguridad y es un todo que requiere cambiar la manera de operar. Pasar de un modelo de trabajo en el taller a otro integral en el que hay que manejar también herramientas para la gestión de la calidad y la producción; para mejorar la eficiencia sabiendo, por ejemplo, cuántas piezas salen y qué coste energético tiene cada una de ellas», explica Beitia.

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